Me encontraba abrazándote por la espalda. Tus cabellos suaves, bailaban haciéndome cosquillas el alma. Ambos mirábamos por una ventana hecha de sueños, un mar que viajaba a lo eterno. Sobre él había un tablero de ajedrez hecho también de agua y espuma, y del cielo limpio aparecía una mano que jugaba con piezas de nostalgia. Vimos también como salían a la superficie, delfines que en su frente tenían el símbolo de tus besos y de tu ausencia. Ascendían lento convirtiéndose en cometas celestiales.
Un rayo dorado de luz nos llego en la cara. Puse la mano en mi frente como sombrilla y te vi caminando entre árboles plateados. Sus hojas caían como en otoños lejanos, creando constelaciones en el aire. A veces dabas la impresión de que flotabas. Yo te llamaba y tú no respondías. Mi voz se convertía en un espiral que se devolvía en mi rostro, y mis manos se encogían tratando de tocarte.
Por tu ausencia, comprendí lo mucho que te amaba. Extendí mis alas y cruce volando la ventana hacia ti, dejando en una roca mis temores. Te tome de las manos y juntos emprendimos un vuelo a lo eterno. No pude ver mas la mano jugando ajedrez, pero a cambio encontré un ave de ilusiones que volaba junto a nosotros como un espejo de nuestro amor.
Cuanto duro el viaje, nadie lo sabe. Aterrizamos a una playa inmensa con arena de cristal. Tus ojos brillaban de emoción. Una lagrima vago por tu mejilla, cayo al suelo y comenzaron a crecer flores del color de tus ojos. Fueron a nuestro encuentro dos caballos, nos subimos y cabalgamos a donde solo tú sabes. A lo lejos, una montaña se erguía esperándonos. Nos miraba pacientemente y en el tiempo que demoramos, construyo un castillo para que estuviéramos cómodos. Cuando llegamos, comimos ternura y un poco de fe en nosotros, dormimos un par de siglos y nos levantamos para ver las estrellas.
En el balcón, otra vez abrazados, vimos un estrella fugaz que traspaso el firmamento. No pedí ningún deseo porque lo tenia a mi lado. Te pregunte que te faltaba para ser feliz, lo pensaste, segundos eternos, y me respondiste con un beso que me dio varios hijos y una vida aun con mas vida.
Ahora viejo y lento, veo a esos hijos correr por los prados. Degustando cada sabor de su existencia, algunos vivieron un mundo real y otros se convirtieron en escritores. Sigo viendo las estrellas contigo, aunque ahora tú formas parte de una de ella.
Me puse a caminar por los senderos del recuerdo, apareciendo tu figura en cada paso que daba, excepto en el instante previo a mi muerte. Siempre me decían que en ese momento iba a encontrar un túnel con un resplandor al final, lo único que vi fue un libro en el que estaba escrito toda mi vida. Lo leí varias veces, disfrutando cada letra en la que aparecías tú. Luego te comencé a buscar por todos lados, desesperado no te encontraba. Supuse que habías ascendido hacia lugares mas santos, donde debes estar. Ojala algún día bajes a verme. Yo por mi parte seguiré leyendo el libro, empezando por la parte donde te tenia abrazada por la espalda.
domingo, 24 de junio de 2007
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