martes, 4 de diciembre de 2007

Cultivando Eternidad

Aquel hombre contempló emocionado como sus sueños se hacían realidad. Estiró ambas manos y sintió como la lluvia fría colmaba sus dedos. Ya hace mucho tiempo que la tierra donde cultivaba sus deseos era aplastada por el fulgor del sol, convirtiendo su vida en un torrente de miseria.

Con el trascurso de los meses llegaron los primeros frutos, brillosos como las estrellas que se reflejan en un lago en plena noche de verano. Crecieron también, árboles con raíces de nostalgia y helechos cargados de esperanza. Bandadas de sonrisas aladas cruzaron el cielo, el cual sostenía un sol sin muerte, como estas letras que mi alma me obligó a escribir.

Un día el hombre caminaba por sus cultivos vestido de ángel, ahogado por sus pensamientos por un futuro incierto. De pronto se interpuso entre él y el horizonte un sujeto envuelto en telas nocturnas con una mirada vacía. Habló pocas palabras, pero fueron de aquellas que remueven el destino y lo llevan hacia aguas nuevas.

El sujeto raptó el alma del hombre y se la llevó hasta lugares que yo no pude relatar. Ahora soy yo quien cuida los cultivos, esperando que el día que muera a mis espaldas